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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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27-10-2018

En el umbral de una elección farsesca

 

SURda

Opinión

Brasil

Mario Mestri

 

La victoria de Jair Bolsonaro en los comicios presidenciales registrará la dimensión del desastre histórico vivido por el mundo del trabajo en Brasil. Sin embargo, el capitán histriónico es un fenómeno sobre todo aleatorio de proceso patológico en marcha desde hace décadas en Brasil, fácilmente perceptible en sus líneas generales. En la presente incapacidad de gran parte de la "izquierda brasileña" de comprender y anteponerse a ese drama, si no hubiera pasado mucho tiempo sin solucionar gran parte del problema, con las excepciones de siempre.

 

Para los analistas comprometidos con el mundo del trabajo es ya un lugar común que el petismo y el lulismo contribuyeron por largos años a la desorganización, despolitización y desmoralización del movimiento social y de la población brasileña. Ya se han descrito en detalle los pasos de la metamorfosis del PT y de la CUT de organizaciones anticapitalista y clasista, respectivamente, a mediados de los años 1980, a brazos activos de la defensa y sustentación del orden que habían prometido revolucionar, en verdadero proceso de incrustación al Estado y al orden capitalista, no tantos años después.

 

La adopción por el petismo y lulismo de las políticas del gran capital, sobre todo financiero, no resultó de la colusión de renegados reunidos por Lula da Silva y Zé Dirceu, seducidos por recompensas materiales e inmateriales. Los miles de promotores de esa hecatombe surfearon apenas el reflujo social en Brasil, en el contexto de la derrota mundial de los trabajadores, cuando del tsunami neoliberal de los años 1990. La disolución de la URSS abrió la era contra-revolucionaria en la que la vanguardia amplia de los trabajadores pasó a desconectarse de su programa para la superación de la crisis que vive.

 

El petismo y el lulismo fueron y son sobre todo una especie de síntoma activo de una enfermedad social de raíces profundas. Jamás funcionaron los devaneos de la izquierda autoproclamada revolucionaria de la "crisis de dirección" que, superada, iniciaría la poderosa contra-ofensiva social. León Trotsky hizo aquella propuesta para una época en que el impulso de la vanguardia obrera mundial era trabado por direcciones traidoras, en el contexto de vigencia de la Era Revolucionaria.

 

Centralidad Obrera

 

El gran problema actual de Brasil no es de "crisis de dirección", sino de constitución del movimiento social, en un sentido lato, que realizó una transición muy incompleta de clase en sí para clase para si. Hándicap  negativo ciertamente agravado por la acción deletérea del petismo, el lulismo y sus asociados, que llegaron al absurdo de promover la fantasiosa extinción estadística de la clase trabajadora en Brasil, metamorfoseada en una feliz e multitudinaria "clase media" imaginaria.

La dificultad obrera de proponer, para la sociedad como un todo, un "centro" referencial en la esfera política, social, cultural, etc. fortalece igualmente la dificultad de constitución de dirección clasista capaz de contribuir a la superación de aquel impasse. La fragilidad mundial de los trabajadores dificulta a su vez que el mundo del trabajo y las pequeñas organizaciones clasistas y socialistas de Brasil se apoyen en conquistas y experiencias internacionales victoriosas.

 

También interesada en participar en la administración del orden capitalista, enorme parte de la "izquierda brasileña" abraza las reivindicaciones civiles-ciudadanas e identitarias (de raza, género, nacionalidad), dando la espalda a los trabajadores y a su programa, que abordaba aquellas cuestiones en un proceso social. Se constituyen como organizaciones de programa pequeñoburgués y anti-obrero, que se reivindican en pasant del socialismo, agravando la fuerte confusión política actual.

 

El epifenómeno Jair Bolsonaro registra el momento de salto cualitativo patológico de tendencias que germinan desde hace décadas en la sociedad brasileña. El Brasil colonial [1530-1808], imperial [1822-1889] y la Primera República [1889-1930] fueron sociedades semi-coloniales, en las cuales las decisiones económicas centrales y parte sustancial de la producción eran dominadas y captadas por capitales externos hegemónicos, incluso cuando las clases dominantes lusitanas, luso-brasileñas, imperiales y republicanas controlaban el orden político-social.

 

Avances y Retrasos de la Orden Semi-Colonial

 

En dos momentos de nuestra historia hubo reversión tendencial de la dominación semi-colonial, con mayor dominio de las clases dominantes criollas sobre país: en la Era Getulista [1930-1945; 1951-54] y en los años post-1967, cuando de la Dictadura Militar [1964-1985]. Como jefe de la Revolución de 1930; presidente, después de 1934; el dictador de 1937-45, Getúlio Vargas expresó el movimiento de radicalización de la industrialización autónoma, centrado en RJ y SP, orientado hacia el mercado interno y apoyado en capitales nacionales [públicos y privados]. Aquel proceso industrialista fortaleció físicamente al proletariado industrial, mantenido en la sumisión político-ideológica por la coerción dictatorial-populista y por el colaboracionismo del PCB..

 

El retorno de Vargas a la presidencia [enero de 1951-agosto de 1954], ya bajo el ataque directo del imperialismo estadounidense, registró el inicio de la defección de las clases industriales nacionales del patrón tendencialmente autónomo de industrialización, proceso que se radicalizó en los gobiernos de Juscelino Kubitschek y sobre todo de Jânio Quadros. Estos últimos registraron la necesidad de superación por la fuerza del desarrollista apoyado en capitales y en el mercado interno, que fortalecía igualmente a los trabajadores. Esta ruptura se materializó en el golpe militar de 1964, emprendido a través de la asociación del imperialismo al capital industrial y bancario nacional y al latifundio.

 

En la carrera después del 31 de marzo de 1964, venció a Castelo Branco, representante del liberal-imperialismo, que proponía la privatización de las grandes empresas públicas y el estrado del país a los capitales y mercados mundiales. El país deshuesado sería devuelto a los civiles, bajo vigilancia militar. Con el avance de la oposición impulsada por la crisis económica, ese proyecto fue defenestrado por militares "nacionalistas", en representación del industrialismo paulista [Delfim Netto]. Ellos retomaron el proyecto getulista de un" Brasil Grande" , apoyado pero en los capitales mundiales y en producción salida hacia el exterior, lo que permitía fuerte depreciación salarial, debido al retroceso de importancia del mercado interno, que perdió para siempre la importancia relativa de la Era Vargas.


Los militares de 1967 expresaron facciones entonces hegemónicas de la burguesía sobre todo paulista interesada en asociación tendencialmente autónoma con el capital mundial, en el contexto de explotación creciente de los trabajadores.Ampliaron las grandes empresas públicas y crearon nuevas, todo al contrario de lo propuesto por el imperialismo. Retomaron el proyecto getulista de industria bélica y del dominio del arma nuclear. Emprendieron la "política internaciona" pragmática ", para abrir mercados, no rara vez en confrontación directa con el gobierno USA - relaciones con el movimiento de liberación de Mozambique.

 

Renuncia Burguesa

 

Mientras funcionaba el "desarrollismo militar", retrocedió la sumisión semi-colonial. La crisis económica mundial de 1975 arrojó sin embargo a las estrellas las tasas móviles de los préstamos internacionales e hizo descender las exportaciones nacionales. Lo que puso crisis a la expansión económica apoyada en el pago de los préstamos con los beneficios de las exportaciones. Expansión económica viabilizada por trabajadores mantenidos parcialmente en la sumisión por la expansión del mercado de trabajo y de las remuneraciones, en contexto de superexplotación del trabajo. El "Milagro" creó un joven y combativo proletariado -metalúrgico, bancario, construcción civil, etc.- que retomó la lucha sindical, contra la dictadura y los patrones, por la recuperación de los salarios confiscados sobre todo a través de la inflación.

 

En ese proceso, a mediados de los años 1980, en salto de calidad en el nivel de conciencia y organización, se crearon el PT y la CUT, único momento en nuestra historia en que los trabajadores se ensayaron como alternativa general para toda la sociedad, precisamente cuando las clases industriales nacionales emprendían, con el fracaso del "desarrollismo de coturno", su "canto de cisne", abandonando cualquier pretensión a dirigir la construcción de nación mínimamente autónoma, asustadas igualmente por el sorprendente protagonismo de los trabajadores de la ciudad y del campo.

 

Todos los gobiernos que siguieron a la "redemocratización" controlada del país, se entregaron, sin pretensiones, a la sumisión del gran capital, al dedicarse a la persecución incesante de las exportaciones, para el pago de la deuda internacional. Collor de Melo y sobre todo FHC realizaron la farra de la venta de las grandes empresas públicas al gran capital, en un primer golpe violento al capital monopólico público nacional. La moneda nacional valorada dopaba a la clase media, que corría saltando hacia Miami, mientras prosigue la desnacionalización e internacionalización de la economía, festejadas por los medios monopólicos. Se profundizaba más y más el carácter semi-colonial del país, señalado por el control de facto del Banco Central y de las grandes decisiones económicas por funcionarios del capital financiero.

La Era Petista


La crisis social en radicalización y la profunda desmoralización de FHC y del PSDB, cuando de su segundo gobierno, llevaron a la entrega del gobierno a Lula da Silva y al PT, comprometidos mucho con el gran capital y el social-liberalismo. No hubo quiebra de continuidad de calidad entre las administraciones anteriores y las petistas que las sucedieron. Se siguió y radicalizó el compamiento nacional por el capital financiero, facilitado por el derecho al saqueo desudado de la economía popular a través de los préstamos consignados; intereses astronómicos de las tarjetas de crédito y "cheques especiales", etc.


Se procedió a la expansión del consumo de la producción industrial a través de voraz endeudamiento familiar, que hoy corroe prácticamente la casi totalidad de la sociedad, dividida en deudores cumplidores e incumplidores. Las grandes tiendas comerciales pasaron a beneficiarse más con los intereses de la parcelación de los pagos que con la venta de los productos. En sus memorias, entre cínico e inconsciente, José Dirceu presentó como gran conquista de la primera administración petista al "lento, seguro y gradual proceso de expansión del crédito para la base de la pirámide social y de bancarización de decenas de millones de brasileños" que masacró y masacra a la población del país.


Las exportaciones sobre todo de productos primarios a China permitieron que la economía brasileña viviese, en forma atrasada, el final de aquel círculo virtuoso, cuando la segunda administración petista, período en que los capitalistas lucraron como nunca en Brasil, según el propio Lula da Silva. La demagogia petista presentó aquellos años como verdadero paraíso del consumo, en que aeropuertos y universidad se llenaron de trabajadores, con destaque para los negros, anteriormente monopolizados por blancos, siempre privilegiados. Se propuso que muy pronto la población pagase planes de salud light, como los sectores más ricos de la sociedad. Lo que despoja las inversiones en el Sistema Único de Salud, por supuesto.


Sobre todo, se propuso como conquista histórica la distribución de tratos paliativos a la población marginada por la exclusión capitalista, acción recomendada por el FMI y el Banco Mundial, para mantener la paz social entre sectores que jamás serán incorporados al mercado de trabajo. Se llevó, finalmente, la concreción del prometido "capitalismo social de mercado", redención final del orden cuestionado en el pasado como decrépito y esencialmente injusto, a ser superado.


Somos Todos Ricos, unos Más, otros Menos


La retórica demagógica petista, favorecida por la politización de las estadísticas, encantó a amplios sectores de la clase media de izquierda, no raramente beneficiada por las concesiones marginales en esos tiempos de bonanza - valorización del real; becas de estudios; etcétera. Para mantenerse en la dirección del Estado, el lula-petismo realizó alianzas que su nueva naturaleza ya no rechazaba como espurias, compartiendo el poder con los segmentos más descompuestos de la política brasileña. El abrazo entre Lula da Silva y Maluf, el 18 de junio de 2012, durante la campaña de Haddad para la alcaldía de San Pablo, fue sólo el beso cinematográfico de ese indecente contubernio.


El lula-petismo mantuvo intacto el sacrosanto monopolio de los grandes intereses sobre los medios. Cortaba religiosamente el movimiento evangélico caza-níquel que explotó como nube de langostas sobre la población desorganizada, desasistida y desesperada. Lula da Silva, Dilma Rousseff y Fernando Haddad, todos, se arrodillaron en la adoración al Becerro de Oro [Edir Macedo] cuando la inauguración del Templo de Salomón, tal vez el mayor centro mundial de asalto a la población. Por exigencia del fundamentalismo evangélico, Dilma Rousseff desautorizó públicamente la discusión de la diversidad sexual en las escuelas públicas. No hubo privilegio o favor no concedido a los cultos religiosos, en insistente irrespetuosidad del carácter laico del Estado brasileño.


Las fantasmagorias petistas se mantuvieron sin disolverse en el aire mientras se mantuvo el pleno empleo relativo, debido a la coyuntura económica virtuosa o la sustentación patológica de la expansión económica, en la segunda administración Rousseff. En la heladera de las casas jamás hubo recuperación real del salario mínimo, siempre insuficiente para mantener mínimamente una familia. El acceso a los productos de consumo rápido y duradero se debió principalmente al endeudamiento familiar. En las administraciones petistas, las vacantes en las universidades privadas superaron enormemente las de las universidades públicas. Se ha desplazado el país a las multinacionales de la educación superior y a la enseñanza de distancia, prácticamente sin ningún control.


El inflado del Anti-Petismo


En la Edad de Oro petista, estalló la masacre de jóvenes negros en las periferias de las grandes ciudades y la población carcelaria alcanzó niveles estratosféricos, con destaque para la población afrodescendiente. La violencia dominó regiones urbanas y rurales donde había sido anteriormente episódica. Al servicio del gran capital, el calamar (forma en que se conoce al PT) se dedicó al asalto de los bienes públicos, como hacían los partidos burgueses pura sangre. El cuadro de amigos. el favor por intereses, la búsqueda de éxito económico y social en la política se convirtieron en fenómenos normales gran parte de los dirigentes petistas.


La denuncia de la corrupción fue el arma preferida de la derecha golpista en Brasil, cuando del golpe que llevó al suicidio de Getúlio; cuando la victoria de Jânio Quadros, el hombre de la "escoba"; cuando la deposición de João Goulart. La miseria y la desasistencia de la población en general es así presentada como debido al asalto al Estado, y jamás como producto de la expoliación del capital. Cuando se decidió apear al PT del gobierno, se levantó el "chorreo" que le garantizaba el asalto a los bienes públicos, como los partidos burgueses tradicionales.


La clase media fue duramente golpeada por la globalización y las políticas social-liberales que privatizaban los servicios públicos determinando que prácticamente todo se pagaba a precios crecientes: salud, transporte, educación, ocio, agua, luz, condominio, seguridad, etc. Lo que antes podía ser esnobismo privatista, pasaba ahora a ser un cargo difícil de soportar. Este malestar, aún políticamente indefinido, fue uno de los grandes motores de las mega-manifestaciones de junio de 2013.


No fue difícil a los medios monopólicos responsabilizar por esa situación a una administración petista acusada incesantemente de saquear los cofres públicos y  conceder  todo  a los  negros, nordestinos, campesinos, pobres, desempleados, funcionarios, indios, asaltantes, homosexuales, etc . En fin, todos aquellos que supuestamente disfrutaron de las ayudas del Estado, sin jamás trabajar. Al final, esa era la pretendida narrativa distributiva del PT, jamás realizada. Bajo el martilleo incesante de la gran prensa, se fortalecía el anti-petismo visceral, sobre todo -pero no sólo- en las clases medias.


El Sentido Histórico del Golpe


La dificultad en comprender el sentido del golpismo, puesto en marcha desde hace años, se debió en parte al hecho de que las administraciones petistas concedían prácticamente todas las reivindicaciones del gran capital - reforma de la previsión de los funcionarios públicos; internacionalización de la economía; autonomía de facto del Banco Central; derecho de libre acción para el capital financiero; privatizaciones, incluso del Pre-sal [capa pre-salina, formación geológica en la plataforma continental con gran reserva de petróleo]; mantenimiento de la compresión salarial, etc. En busca de mantenerse en el poder, Dilma Rousseff hizo todas las concesiones imaginables y prometió ir aún más lejos. ¿Una iniciativa golpista contra los gobiernos petistas no violaría los propios intereses del gran capital? ¿Para cambiar de gobierno, no bastaría con desgranar Dilma Rousseff y esperar las elecciones de 2018? En verdad, el golpe pretendía mucho más que radicalizar políticas conservadoras-ya en aplicación- a un tal extremo que el calamar era incapaz de hacer, sin anularse como partido burgués con electorado popular.


La internacionalización y desnacionalización de la economía nacional [globalización] llegó a tal extremo que  permitía y exigía un salto de calidad que elevara la situación semi-colonial a la situación neocolonial globalizada . Es decir, situación en la cual las clases dominantes nacionales, ya sin el control de las decisiones económicas centrales, perderán igualmente la autoridad sobre las decisiones políticas fundamentales, en las que participarán como meros asociados subordinados. Se trataba de un fenómeno estructural exigido por el capitalismo internacional, en fase senil, en la lucha por la extensión de su hegemonía, para relanzar el dinamismo perdido, a costa del arrastre de las naciones subordinadas.


Situación que explica cómo el presente arrasamiento, sin ninguna resistencia de las clases dominantes nacionales, de prácticamente todo el capital nacional monopólico público y privado. En un parpadeo, las pocas empresas monopólicas nacionales restantes, construidas en los últimos cincuenta años, fueron o están siendo destruidas - grandes contratistas, Petrobras, Banco do Brasil, Caixa Econômica Federal, Embraer, Friboi, etc. En Irak y en Libia, fue necesaria la destrucción militar del país para dominar las reservas petroleras.  ¡En Brasil, bastó sólo la corrupción directa o indirecta de diputados y senadores; un medio partícipe del negocio; una oficialidad militar y judicial fijadas sólo en sus prebendas, para que el Pre-sal fuera entregado, sin que la pusilánime clase dominante nacional dijese ni pio!


El proceso golpista en marcha anhela y ya emprende el formato general de las instituciones políticas, jurídicas, institucionales, etc. exigida por la nueva dependencia umbilical del país al gran capital globalizado, bajo la hegemonía despótica estadunidense, nacida y propiciada por transformaciones económico-sociales en curso desde hace décadas en el país. Un proceso que circunscribe dos realidad en general ignoradas. Primera realidad. La actual dictadura del gran capital sobre el país, aunque respete algunas apariencias de democracia, constituye un proceso patológicamente infinitamente más grave que la dictadura de 1964.


Repúblicas Bananeras


Vimos que sobre todo en el período posterior a 1967, el país conoció crecimiento de las fuerzas productivas que desembocó en la fundación del PT, tendencialmente anticapitalista, y de la CUT clasista. La actual metamorfosis institucional, bajo el batuta del alto mando del ejército de tierra, apunta a la transformación colonial globalizada del país como mera plataforma de exportación de manufacturas, de granos y minerales, bajo el control de los capitales internacionales, en general, y del imperialismo en particular.


Los generales de hoy se despreocupan olímpicamente con la construcción de un Brasil Grande, fijados en los ingresos personales que la situación funcional les asegura. Se convirtieron, de oficiales nacionalistas de línea dura, que soñaban con un país poderoso y odiaban a los trabajadores, en meros generales corruptos, habituales en las célebres repúblicas bananeras latinoamericanas, que tienen como pauta de consumo pasar las vacaciones y las jubilaciones en ricas mansiones de las playas de la Florida. Se igualan a los anteriores en el odio-temor a la clase obrera.


Segunda realidad en general ignorada. La hegemonía imperialista y la nueva situación colonial globalizada impiden de por sí la dominación del país por movimiento o orden fascista, apoyados en amplia movilización nacional-patriótica, sobre todo de las clases medias. Movilización históricamente destinada a desarticular avance político y social de los trabajadores, lo que no es el caso de Brasil. El mero odio a los trabajadores y a la izquierda no alcanza a mantener un movimiento que exige también estabilidad y progreso social, aunque socialmente restrictivo.


El imperialismo no desea definitivamente la organización de bloques sociales amplios y cohesivos, que puedan resultar en desviaciones nacionalistas, aunque conservadores y anti-obreras. Lo que no significa que no se promuevan intentos de organización de masas, ciertamente apoyadas en el fundamentalismo evangélico, y eventuales actos de violencia extrema contra la izquierda y el mundo del trabajo, con la ruptura de derechos democráticos y sociales fundamentales.


El Golpe Vino de Washington


Una perspectiva retrospectiva permite vislumbrar las líneas generales de una minuciosa planificación golpista, bajo la orientación de órganos estadounidenses. El proyecto general hoy en aplicación en Brasil fue inaugurado en Italia, cuando la "Operación Manos-Limpias", que tuvo como su gran sheriff Antonio di Pietro, que puso abajo la Primera República Italiana (1948-1994), con la desaparición de los partidos tradicionales, dando lugar, en 1994, a la apertura de la Era Berlusconi, privatista y globalizadora. Este script fue seguido estrictamente en Brasil, teniendo a los grandes medios, con destaque para la Red Globo, como jefe de orquesta visible.


La "Tangentópolis" criolla fue denominada "Mensalão", debido a haber sido construida a partir de la denuncia de reconocido "salario" salafrario político de financiamiento clandestino de diputados de la "base aliada" petista, en 2005. ¡Es decir, hace trece años! La policía federal tuvo participación activa indirecta en la inauguración de la operación. La parte de sheriff de la moralidad le tocó al ministro Joaquim Barbosa, indicado al STF por el indefectible fray Beto, cuando Lula da Silva buscaba un negro para ser propuesto como ministro del Supremo Tribunal! Barbosa fue sacralizado por los grandes medios como salvador de la Patria y el juicio, sobre todo de José Dirceu, fue objeto de larguísimos meses de saturación mediática digna de final de copa del Mundo disputada por la selección canarinha.


No puede presentar ninguna prueba material contra el putativo candidato petista a la presidencia, el ministro histriónico lo condenó a partir de la "Teoría del Dominio del Hecho". La siniestra elucubración del jurista nacionalsocialista Hans Welzel, de 1939, propone que, aun en la ausencia de prueba de que sabías / mandaste a un subordinado delinquir, por ser él tu dependiente, serás condenado, ya que debías saber. Se anula así el "principio de presunción de la inocencia", pilar de la tradición jurídica con raíces en el derecho romano, que determina tu inocencia hasta la presentación de prueba material de culpabilidad. La participación impúdica del STF, igualmente en frenesi mediático, registró que la extensión de la ofensiva golpista se permitiría "interpretaciones" aleatorias del orden constitucional por aquellos que se podían arrogar tal derecho, aun no teniéndolo.


José Dirceu tuvo su mandato de diputado casado a la quiebra del decoro parlamentario, por supuestos actos practicados durante su fuero en el Parlamento. Fue arrestado en 2013 y, nuevamente, en 2015, siendo condenado en todo, a más de treinta años de prisión y la multa de cientos de millones de reales. No conoció ninguna defensa por parte del PT. Fue lanzado a las fieras por Lula da Silva, por los compañeros del grupo mayoritario, por la dirección de la Articulación de Izquierda, por la llamada "izquierda petista". Con las excepciones de siempre, todos lo hicieron con la vana esperanza que esta alimentación excelente saciase a los voraces leones, permitiendo proseguir el oba-oba de los grandes, medios y pequeños proyectos electorales.


La izquierda pequeño-burguesa no restringió elogios a la condena, acariciando a su electorado moralista y esperando recolectar los pedazos electorales de la fragmentación petista. Grupos autoproclamados revolucionarios se lavaron las manos ante la afirmación que se trataba de una pugna "inter-burguesa", olvidando la obligación de defender los derechos democráticos de quien sea. A pesar del "Mensalão", Lula da Silva, fue electo en  2006, se consagró envasado por la ola económica expansiva mundial, circunscribiendo la alta posibilidad de la reelección del candidato petista, en 2010. En ese año, se aprobó la "Ley de la Ficha Limpia" , de "iniciativa popular", inspirada por abogado que trabaja hoy para la Red de Sustentabilidad, hasta hace poco financiada por los herederos del Banco Itaú. La ley entregaba a una justicia que ya registró su facciosismo indiscutible, al poder de definir quién tenía derecho a presentarse como candidato.


En la actualidad


En marzo de 2014, al inicio del gobierno Dilma Rousseff, se inauguraba, bajo la iniciativa de la Policía Federal de Curitiba, la "Operación Lava Jato", que consagraría nacional e internacionalmente a Sérgio Mouro como Tartufo de la comedia siniestra. Abogado de pocas luces y cultura, con paso marginal en el "Mensalão", participó en los Estados Unidos del "entrenamiento" de abogados de la "Harvard Law School" y del "Departamento de Estado de Estados Unidos", responsable de la implantación por el bien y por el mal de la política estadounidense en el exterior. En los últimos tiempos, Moro no se cansaba de visitar Estados Unidos, bajo diversas excusas o sin ellas.


Consagrado ahora como el mesías nacional, Moro emprendió la literal destrucción de las grandes contratistas brasileñas, que dominaban mercados latinoamericanos y africanos codiciados por las empresas yankees congéneres. Se dedicó, sobre todo, a la destrucción del PT, en general, y de Lula da Silva, en particular, para impedir su candidatura presidencial. José Eduardo Cardoso, ministro de Justicia de Dilma Rousseff, permitió el libertinaje de los magistrados y policías federales, en nombre de la autonomía de investigación y juicio. La presidenta, llegada del PDT, dobló la insistencia de Lula y de la dirección petista de ceder la candidatura de 2014 al ex presidente. Se despreocupó con la denuncia de corrupción petista anterior a su administración. El enjambre de irregularidades de la acusación contra Lula da Silva reveló a los más ciegos los objetivos de la Lava Jato. sobre todo el retirarlo de la carrera electoral de 2018.


Después de un enorme despilfarro de recursos públicos para asegurar su reelección - renuncias fiscales; reducción del precio de la electricidad; distribución de becas en el extranjero, etc. - Dilma Rousseff venció en la segunda vuelta debido al giro a la izquierda, que provocó el carácter privatista y neoliberal del pleybay tucano Aécio Neves. Ni cuando "la vaca tosa" se permitiría tocar los derechos sociales. Al día siguiente de la victoria, Rousseff emprendió la tal vez más indecorosa mutación electoral de la historia brasileña. Sin demoras y mediaciones, se convirtió en gobernante conservador, lanzó un ataque a los derechos de los trabajadores, determinó enormes recortes de los gastos sociales. Así e buscaba mantenerse en el poder secuestrando el programa liberal del opositor vencido, como Lula da Silva había hecho con éxito anteriormente. El golpe, empero, avanzaba a trote-galope.


La lucha contra el golpe


La presidenta y el PT echaron mano de las maniobras políticas tradicionales para defenderse del impeachment. Intentaron comprar votos en el Congreso y en el Senado y demostrar la disposición de avanzar el programa del gran capital. Juzgada y condenada por una operación financiera ordinaria y sin consecuencias, se presentó para defenderse en el Senado y recurrió al STF golpista, legitimando a sus verdugos. Fue premiada por su pasividad con la exención de la pérdida de los derechos políticos. La clase trabajadora fue la gran ausente del drama en curso - no fue llamada y no se movilizó en contra o a favor del impeachment…


Destituida la presidenta, el 30 de agosto de 2016, asumió plenamente Michel Temer, el rey-bufón del transformismo y de la corrupción, dispuesto a implementar sin trabas los proyectos golpistas. Veinte días antes, Fernando Haddad se consagró con la frase de que  "Golpe es una palabra un poco dura" , para el derrocamiento de Dilma y la entronización del rey de la mediocridad. El profesor pertenecía a la enorme facción de las capas negras petistas que soñaban con "girar la página" del impeachment y volver a la vida política normal, bajo el nuevo orden de cosas. En general, el PT y la izquierda pequeña-burguesa y la auto-proclamada revolucionaria no comprendieron -o hicieron que no comprendieron- que el golpe objetivaba metamorfosis estructural del país.


Bajo iniciativas sucesivas de extrema violencia, que lanzaron el país en depresión y desempleo profundos - Reforma Laboral, PEC del Fin del Mundo, etc. -, creció y se fortaleció el movimiento contra el golpe, bajo la consigna de "Fuera Temer". El PT buscó enjaular las movilizaciones en la consigna "Vuelta Dilma". Los sectores del PSOL negaron el golpe y entonaron loas a la condena de Lula da Silva. El PSTU vio todo como disputa entre facciones burguesas, apoyando la caída de Dilma y proponiendo el fantasioso "que se vayan todos". La huelga general del 18 de abril de 2017 garantizó un salto de calidad en la lucha contra la reforma de la previsión y laborista y el gobierno golpista, que veía subir en flecha su rechazo nacional.

La movilización creciente fue desmontada en pro de la propuesta la oposición de fijar elecciones. En el mes de agosto de 2017, en un discurso en Salinas, en Minas Gerais, Lula da Silva determinó "que ya no era" más el momento de pedir la salida anticipada de Michel Temer [...], sino de defender la propuesta de un "nuevo presidente" para las elecciones de octubre de 2018. El "Queda Temer" reconocía al gobierno golpista y le garantizaba senderos hasta la conclusión del mandato ilegal. Sobre todo, legitimaba las elecciones fraudulentas, objeto de los deseos de miles de políticos del PT, PCdoB, PSOL y otros desvalidos. " Lulinha paz y amor " vestía nuevamente la capa de pacificador social, esperando ciertamente que su intervención y designación como candidato fortaleciera su defensa en el proceso agusanado del "Lava Jato". La traición a la oposición popular contra el golpe resultaría en la derrota histórica de octubre de 2018.


El Plan B y los Señores Generales


Como no podía dejar de ser, Lula perdió la carrera viciada para su viabilización como candidato, debido a la ley de la "ficha limpia" y a toda suerte de actos ilegales por parte de la Justicia, ya abrazada sin ningún pudor al golpismo y, muy pronto, bajo la presión militar directa. El 7 de abril de 2018, el ex presidente fue preso, por determinación del aprendiz de Torquemada paranaense, sin el agotamiento de los posibles recursos, como exige la Constitución. Rodeado por algunos miles de trabajadores que acudìan abundantes, aunque no en inundación, prefirió entregarse pateticamente, declarando confiar en la Justicia, que oponer resistencia pasiva y esperar a los carceleros en el sindicato de los Metalúrgicos.


Su invitación de 26 de agosto de 2017, en la tierra de la mejor cachaza minera, había sido seguida por su partido y por todas las fuerzas de la izquierda electoral. En el momento en que Temer se mantuvo tranquilo, olvidado, en la presidencia, el desbunde electoral prosiguió, dándose poca atención a la prisión del ex metalúrgico, ex sindicalista y ex presidente, encerrado en Curitiba, bajo todas las restricciones. Por su liberación, se movieron pocos, con destaque para el MST y el pequeñito PCO, fijado en la libertad de Lula y en la defensa de que elecciones sin él serían una farsa aún mayor. La designación de Lula como candidato del PT al extremis, fue combatida por importantes segmentos de la dirección petista, que optaban por buscar un candidato que volteara mejor la página del golpe, se esperaba. Entre ellos, se destacaba Fernando Haddad.


El 11 de septiembre de 2018, debido a la imposición ad hoc de la Justicia electoral, el PT designaba a Fernando Haddad, doctor en filosofía, ex alcalde de São Paulo, considerado como el "más tucán de los petistas", como candidato en sustitución de Lula da Silva Silva.


El que fuera el coordinador del programa petista que había dado el buen comportamiento. El 13 de abril, en la víspera del juicio del habeas corpus recurrido por Lula da Silva, junto al STF, el comandante del Ejército, el general Eduardo Villas Boas, amenazó con intervención militar, en el caso de la acogida de ese recurso. Se ponen igualmente sobre control militar el STF y la institución del "habeas corpus".


Michel Temer, reducido a un espectro de presidente, estaba obligado a trasladar la dirección general de su gobierno al alto mando militar, a través del general Etchegoyen, derechista entre los derechistas, designado a la cabeza del recién recreado Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia de la República. La autonomía de decisión de los generales sobre las fuerzas armadas, ya sin ningún control civil de hecho, y la hegemonía militar sobre la Policía Federal, el Parlamento y la Justicia se expresaron en forma indecente en la exigencia de la designación de "consultor militar" para el gobierno , dijo a los periodistas. Uno de sus primeros actos en el sillón ya vaciado de poder real fue declarar que los hechos del 31 de marzo de 1964 debían ser definidos como "movimiento de 1964" y no como golpe militar. Si es necesario, propondrá que los prisioneros políticos torturados en aquel entonces en el palo de arara eran simplemente sometidos a ejercicios de estiramiento.


El regreso de los generales al mando del orden civil sólo explicitó la naturaleza profunda de las fuerzas armadas, que prosiguieron hacendo el culto al régimen militar de 1964, bajo la complacencia total de los gobiernos de Lula da Silva y Rousseff. Las administraciones petistas jamás expusieron a las fuerzas armadas ni llevaron a juicio a los culpables de crímenes contra la humanidad, que prosiguieron sus carreras, dedicados a mantener en alto la tradición derechista y golpista de las mismas. Aquellos gobiernos presentaron igualmente a los militares a la población como solución a los problemas relacionados con la seguridad civil. Se responsabilizaron, a petición de los Estados Unidos, por la dirección de la ocupación militar de Haití, verdadero ensayo general del golpismo. La operación tuvo como uno de sus comandantes el siniestro general Augusto Heleno.


Bastaba ganar las elecciones


Para no pocos esperanzados, se trataba ahora de transferir las intenciones de los votos de Lula da Silva a Fernando Haddad, ir y vencer la segunda vuelta, para que todo vuelva a ser como antes, o casi, en ese país bendecido por dios. Se entiende por qué millones de brasileños juegan semanalmente en la Loteca, esperando lo irrealizable. En el guión general, las elecciones constituían sólo el sendero que  llevaba inexorablemente a la legitimación del proceso de metamorfosis golpista de las instituciones del país. A no ser en el caso de una muy improbable explosión popular, no se preveía otra posibilidad de victoria que un candidato afinado con el golpismo. Para que todo funcione, que se alejara, ante todo,de Lula da Silva, candidato capaz de galvanizar la desesperación popular, aunque no ganara las elecciones trampeadas.


Con la tradicional desfachatez, la totalidad de la gran prensa abrazaba el golpismo. Lo  mismo hacía, con igual impudor, la gran y media Justicia, con destaque para la electoral, que ya había hecho mucho para prestar sus servicios, a dar forma a los procedimientos electorales favorables al golpismo. Policías federales y estatales prestaban y prestarían sus valiosos servicios. Las iglesias evangélicas, el empresariado, el diablo a cuatro, se disponía a violar, sin pruritos y temores, la ley electoral. La revelación sin falta a los bloques de whatsapps comprados por millones de reales por grandes empresarios materializó ese derecho. Y, si fuera necesario, estaban a disposición las urnas electrónicas, para la pertinente manipulación, y los generales del ejército, para asegurar que todo iba bien.


A pesar de todo esto, la intervención en la campaña presidencial permitía una oportunidad excepcional para una muy dura e intransigente denuncia del orden golpista anti-popular, de la pusilanimidad de la justicia, del control total de los medios por el gran capital, del asalto militar y del imperialismo al control de las políticas las riendas del país. Una campaña que desnudara la farsa electoral y llamara a la población a la necesaria lucha anti-golpista. Como estaba escrito en las nubes, no sólo el PT optó por el camino opuesto, diseminando el sueño anestesiaste de desarmar el golpismo con victoria electoral. Fábula que exigía el encuadramiento sin mácula a la farsa electoral. La gran preocupación era salvar los aparatos partidarios y sus elegidos, en el nuevo orden.


El Candidato Ideal


Fernando Haddad se adapta maravillosamente al papel propuesto. En cuanto joven, bonito, inteligente, bien articulado, conocido por moderación que le permitiría integrar eventual ala auténtica del MDB o PSDB, ya se había pronunciado reiteradas veces a favor de "voltear la página" y volver a la vida política normal, a pesar de los avances de lo que  que él tenía dificultad en definir como golpe. Fue un verdadero caballero. Durante toda la campaña, jamás denunció el golpe. Jamás se refirió al facciosismo de la gran prensa y, sobre todo, al desbunde del STF y de la justicia electoral. Se comportó como si tomara té entre educadas señoras y no como si sintiera el hilo agudo de la navaja de sicarios en el cuello.


Pero hizo más. Atemorizado, renegó, por tres veces, al Nordeste, sin arrepentirse, como el buen Pedro. En la primera presión, juró no amnistiar a Lula da Silva, prisionero de la ilegalidad golpista. Sugirió, igualmente, que, si condenado en última instancia, habría que aceptar su culpabilidad, olvidándose de los jueces morféticos. Llegó al extremo de elogiar a Moro, el torturador de las leyes, verdugo del ex presidente, por las cosas buenas que había hecho para el país. Ciertamente hasta el coronel Ustra algo bueno hizo en su camino, al menos una vez, ni que haya sido por error!


Haddad atravesó el Rubicon de la legitimación del golpe, no una, sino varias veces. Tal vez la más emblemática haya sido, el 20 de junio de 2018, antes de su designación oficial, cuando la visita al dictador de las sombras, el general Villas Boas, que hizo cuestión de publicar en su cuenta del twitter el besamanos sirviente de Fernando Haddad, a quien ya se había referido como "pre candidato a la presidencia". Reconocemos el sentido del humor cínico en general. En el desarrollo de la campaña, besó igualmente la mano de Joaquim Barbosa, legitimando el Mensalão, como mera lucha contra la corrupción, y el juicio ilegal de José Dirceu, con quien se esforzó de distanciarse, además de lo imaginable.


El Fenómeno Bolsonaro


Creemos que los candidatos preferenciales del imperialismo y del gran capital fueron siempre Alckmin, Meirelles y Amoêdo. La enorme crisis económica causada por la voracidad incontenida del golpismo, profundizada por la inesperada huelga de los camioneros, iniciada el 21 de mayo de 2018, lanzó la economía en el agujero y el desempleo en las nubes, haciendo renacer sobre el prestigio electoral de Lula da Silva, buenos años de la segunda administración. Se perdió así la esperanza de la ilegalización del PT como "asociación criminal", propuesta al inicio del golpe. El petismo ganó una hipotética segunda vida, eligiendo la segunda bancada en la cámara y tres gobernadores, en Ceará, en Bahía y en Piauí. Si van a seguir, sólo el tiempo lo dirá.


Las candidaturas asociadas al golpe y al gobierno Temer no asomaron, con destaque para la de Geraldo Alckmin, que murió ahogado en la arena de la playa, sin dar una brazada en el mar. En el movimiento de opinión pública avanzó Jair Bolsonaro, el Coiso, del PSL tradicional parlamentario histriónico de la extrema derecha, que había obtenido el apoyo de algunos empresarios aislados de peso, interesados ??en cualquier cosa como la restauración de la esclavitud. Había sido siempre el preferido de los segmentos medios extremistas de las fuerzas armadas y policiales, su base electoral en Río de Janeiro.


Al despuntar como candidato golpista prioritario, los grandes medios y los empresarios, de la Justicia, del Ejército y de los segmentos derechistas medianos, siguiendo sus naturalezas profundas, abrazaron fuerte y sin constreñimiento al capitán descarado.


También hubo un fuerte desplazamiento del voto popular, que se identificó a su perfil populachero, desbocado y "apolítico" y a las propuestas de solución inmediata de la corrupción y sobre todo de la criminalidad, a través de medidas rápidas, apoyadas en la violencia policial y en la ocupación de las calles por el ejército. Soluciones irrealistas, para problemas sociales ingentes, nacidos de la miseria popular material y espiritual, pero próximas a la muy difundida subcultura de la violencia, apoyada y explotada por los medios desde hace décadas.


Fascismo contra la democracia


El esfuerzo petista de presentar la segunda vuelta como literal embate entre el fascismo y la democracia, para conquistar los votos de la derecha "republicana y democrática", registró las ilusiones en las clases dominantes brasileñas, habituadas desde hace siglos en la sumisión despótica y en la masacre de las poblaciones plebias para defender mejor sus privilegios. En lo que son acompañadas por segmentos medios que con ellas identifican, creen que se integran. Las miradas de seductor lanzadas por Fernando Haddad a FHC, parecen olvidar que el intelectual pernóstico procedió a la liquidación general de enorme parte del patrimonio nacional, a precio de plátano podrido. Tales trucos sólo conceden indebida certificación de ciudadano demócrata a un verdadero asesino serial de la nacionalidad brasileña.


Bolsonaro y sus partidarios y votantes más extremistas no son fascistas, en el sentido preciso de la categoría. Ciertamente podremos esperar lo peor de su gobierno, si no conoce oposición consecuente del movimiento social y de la ciudadanía. Sin embargo, es un político elevado a la presidencia por fenómenos coyunturales, que no cuenta con base social de apoyo sólido entre la población. Los señores generales, bajo la batuta del imperialismo y del gran capital, jamás le entregarán el poder real sobre el país. Tendrán, ciertamente, que hacer de él un instrumento, de tiempo de uso indeterminado.


Haddad intentando conquistar los segmentos conservadores ilustrados, literalmente se despreocupó de la población, esforzándose para no comprometerse con ella con nada  concreto y palpable, que lo expusiera a la crítica de los grandes medios y a la birra del gran capital. En el primer programa electoral de la segunda vuelta, mandó a Lula da Silva a las calendas y se despojó del incómodo color rojo del petismo, de la CUT y de los trabajadores, para adornarse con el verde amarillo, herencia de la bandera esclavista del imperio. Se olvidó que a la población brasileña no le gusta esas metamorfosis súbitas.


Pasó a realizar la autocrítica petista exigida por la prensa conservadora, aceptando el agravamiento del anti-petismo histérico como debido a los errores cometidos, con destaque para la corrupción, sin referirse a la intoxicación deletérea incesante de los grandes medios.  Reveló soñar con un gran empresario para la Hacienda y, dios no permita, Joaquim Barbosa, la Capa Negra, para Justicia.  Elogió a Moro. Se comprometió con otra contra-reforma de la previsión, para la "convergencia de los dos regímenes", igualados en la penuria. Renunció a la propuesta de Constituyente, del límite temporal para los jueces, de desmilitarización de la policía y de despenalización de las drogas. Reafirmó la "autonomía" del Banco Central.


Sobre todo, no dijo ni pío sobre la acción golpista del parlamento, de la Justicia, de la prensa, del Ejército, de los grandes empresarios, etc. que transformó las elecciones en una monstruosa farsa. Contribuyó así a la exigencia que ya se presenta de reconocimiento de los resultados de las elecciones como producto del límpido ejercicio de los derechos democráticos. 


Al mantener el perfil de buen mozo respetuoso de la ilegalidad, apostó una enorme cantidad de un ahorro que no era suyo, sabiendo que, incluso si ganaba en la ruleta viciada, por azares insondables de la suerte, no llevaría el premio a casa, debido a la truculencia del portero agazapado.

Lomba del Pino, Viamão, RS, 24/10/2018

Fuente: Pravda.ru, http://port.pravda.ru/news/desporto/26-10-2018/46559-eleicao-0/

 

 

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